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El soñador del sueño (Audio)

 

Nombre: Paloma Martínez

Lugar: Madrid, España

Actividad: terapeuta

   

Era a finales del año 94, y fue ante la decisión de casarme judicialmente con la persona con la que había convivido desde hacía quince años, cuando empecé a sentir una zona del cuerpo afectada de algo. Era una sensación continua de aspereza, de erosión. Visité médicos y no vieron nada. La sensación seguía y siguió. En el año 95 también comencé a visitar a un curandero que insistía en que era todo nervioso. Emocionalmente esa sensación me había trastornado por completo y me había llevado a experimentar todo tipo de pánicos. Mi padre había fallecido años atrás de un tumor pulmonar, y éste jamás se detectó en las pruebas médicas. Al parecer no había solución a mi mayor fantasma, pero yo lo estaba viviendo. Nunca fui creyente de ninguna iglesia, pero desde pequeña había en mí un fuerte sentimiento de religiosidad, de trascendencia y todo esto, una pequeña sensación me había llevado al punto de sentirme desconectada. Estaba segura de la existencia de Dios pero también de que algo me aislaba de Él, no había comunicación. Le pedía con desesperación una señal, un indicio de que oía mis ruegos, de que sabía que estaba, que presenciaba mis enfados, mis miedos, y entonces algo en mi cabeza me preguntaba: “¿y qué señal quieres que te dé si tu rápidamente vas a pensar que la has preparado con tu mente?”...

Era cierto, totalmente verdad. Mi pensamiento era un potro desbocado y sin control pero aun así estaba segura de que si me veía, si esa coraza oscura no me ocultaba a Él, encontraría la forma, no ya tanto de decirme qué me pasaba, un nombre de mi enfermedad, sino que sabía de mi existencia. Ese era mi ruego.
Un día, en la consulta de ese curandero y después de que me pusiera las manos en la cabeza, me preguntó si había oído algo, a lo que le contesté que no, que tan solo había imaginado una imagen y él me preguntó si se podía parecer en algo a lo que había detrás de mi. Giré la cabeza y vi a Jesús Niño con una vara de azucenas exactas a las que yo había visto en mi pantalla mental y esto, para mí, significaba esa confirmación de que Me veía. No necesitaba saber nada más, ni qué era lo que me pasaba, ni qué origen tenía ni si me curaría, porque Él sabía de mí y eso era lo que le pedía. A pesar de todo, la sensación seguía y aunque seguía desequilibrándome, yo recordaba de que Jesús sabía de mí y eso era suficiente, todo estaba en orden aunque a mí me pareciese horrible.

Al año siguiente mi marido y yo decidimos ir a París en semana santa, y los guías de la excursión nos ofrecieron la posibilidad de visitar Notre Dame el día de viernes santo, ya que era el único día al año que enseñaban la reliquia de la corona de espinas que supuestamente había pertenecido a Jesús. Acordamos ir. Mi marido a ver la sillería y yo la reliquia. Ni que decir tiene que las filas de espera eran inmensas, pero el asunto merecía la pena. No hubo ningún problema. Todo el mundo entraba hasta que llegó mi turno, ya que fui muy amablemente apartada y no me fue posible entrar.

Simplemente no la pude ver. Fueron inútiles las preguntas, no hubo contestación. No entré y se terminó. Aún nos quedamos un tiempo para ver si a alguien mas le hacían lo mismo que a mí. Inútil también. Todo el mundo pasó. Ahora y otras veces que pensé en ello me sorprendió que a pesar de haber creído tiempo atrás que me estaba "vedado" todo lo divino, en esta ocasión no lo interpreté en este mismo sentido. No me quedé especialmente frustrada porque no me hubiese sido permitido contemplar un objeto que, supuestamente, había estado en contacto con Jesús. Tal vez la duda de que en realidad fuese esa la corona..., no se.

En el año 97 una amiga me hizo un regalo que pensaba me podría ayudar. Muy misteriosa ella, me pidió que no lo abriese hasta que no se hubiese ido y que si a su vuelta de vacaciones no lo encontraba de utilidad se lo devolviese, ya que yo era la sexta persona que lo recibía y las cinco anteriores lo habían rechazado. El libro era Un Curso de Milagros.

Ya antes había oído hablar de él, pero pensaba, por el título, que sería algo parecido al control mental, y no le había puesto más atención. Ahora, en esta ocasión, ya que lo tenía al menos le daría un vistazo.
Por entonces no sabía de sistemas de pensamiento alternativo ni de egos ni de personalidades, pero a pesar de ello, a pesar de no entender, al llegar al capítulo 2...es imposible que pueda describir lo que sentí. No entendía, pero sentía como si un gran obstáculo que me impedía comprender se hubiese quitado de en medio. ¿Quién había escrito ese libro? ¿Quién?

Estuve llorando tres días con sus tres noches y aun hoy, lloro. Cuando mi amiga volvió no sólo no le devolví el libro, sino que ante el bombardeo de mis preguntas me habló de "Viaje sin distancia". A estas alturas esas molestias seguían y luchaban por conseguir el primer puesto en mi atención. Estaba viviendo un período de larga obsesión, pero ¡cuanto estaba encontrando a través de ella!
Aun no habían terminado las sorpresas, pues a pesar de que se me hacía muy difícil entender el contenido del libro, seguía. Entre tantas cosas que, repito, no entendía, había otras que literalmente parecía que me las decía a mi, hablaba para mí, hasta que un día llegué al capitulo 20 -La Semana Santa-. Me causa tanto respeto, siento tanta reverencia, aunque Jesús diga que este sentimiento no es apropiado para Él, que no me atrevo a hacer ningún comentario. Sólo decir que para mí, Su contestación fue total. Tardé tres años en tenerla al completo. Primero las azucenas, después la imposibilidad de ver la corona de espinas y ahora...la explicación. ¿Podría tener el valor de decir que todo esto lo había preparado yo con mi mente?

Este episodio supuso el inicio de un camino de búsqueda, camino en el que aun estoy. Ha sido un camino de soledad, duro, y en el que persevero como puedo, solo alimentándome en momentos en que la apariencia de esta experiencia es insostenible. En este tiempo, hasta que me ha sido posible encontrar el premio de un grupo de estudio, lo que acabo de compartir ha supuesto para mí confiar en un Orden Universal lleno de Ecuanimidad y Sabiduría. Yo de momento no tengo una explicación, una calificación, pero no es muy importante porque Él Es.