Artículos Mensuales
El soñador del sueño (Audio)

 

Septiembre 2008

El camino de la maestría


Éste es un Curso para maestros, aunque eso no significa que todos lo deseen o estén dispuestos a llevar a cabo la función que les ha sido otorgada. La mayoría de los estudiantes que se acercan al Curso lo hacen para encontrar una justificación para sus ilusiones. Y cuando lo que ven es que éstas comienzan a desvanecerse, huyen horrorizados.
Existe una extensa variedad de actitudes y comportamientos en las personas que asisten a los grupos de estudio de Un Curso de Milagros, aunque si se ve más allá de las formas, en realidad sólo existen dos: los que quieren ver y los que no.

Es posible que el estudiante comience motivado por una sensación de poder lograr algo, aunque no identifica bien de qué se trata. Los nuevos conceptos e ideas pueden parecerle reveladores, interesantes y útiles, de modo que se entrega al estudio y la práctica, y los primeros resultados no tardan en llegar. Ha habido un primer movimiento en la superficie de su conciencia, y esto resulta alentador porque todo indica que el Curso funciona. Tal vez aspectos que parecían difíciles de trascender quedan a un lado, motivando aun más su estudio y práctica.

Y así continúa durante un tiempo, en el que comienza a descubrir aspectos cada vez más profundos y arraigados en su mente de los que no se había percatado todavía, pero que le causaban dolor.
Es posible que al principio, o tal vez en esta fase del proceso, sienta una resistencia cada vez mayor, puesto que su sistema de pensamiento se ve profundamente confrontado. Las defensas que parecían mantener a la luz alejada de los aspectos más “privados” y oscuros de la mente comienzan a debilitarse y a caer. Es entonces cuando el ego grita más desesperadamente, pidiéndole que abandone el proceso de sanación mental que había comenzado, asegurándole que es la manera de permanecer cuerdo. La única finalidad del ego es mantener a la mente en un estado vegetativo para impedir que nada cambie realmente. Así que aprovechará cualquier oportunidad que se le presente para presentar pruebas a favor de lo que pretende, y lo que pretende es que nada cambie.

“El ego siempre intenta perpetuar el conflicto. Es sumamente ingenioso en encontrar soluciones que parecen mitigar el conflicto, ya que no quiere que el conflicto te resulte tan intolerable que decidas renunciar a él. Por lo tanto, trata a toda costa de persuadirte de que él puede librarte del conflicto, no sea que lo abandones y te liberes a ti mismo.”

(T7.VIII/2)

Algunos abandonan en este punto, aunque difícilmente reconocerán que lo que les mueve es el miedo. Siempre tratarán de encontrar algún argumento más “convincente” para justificar su huida. Son conscientes, en alguna medida, de que pueden engañarse a sí mismos, pero que no pueden engañar a otras mentes que están aprendiendo a ver las estrategias del ego, y la única salida airosa para sus egos es interrumpir la comunicación.

“Debes reconocer que lo que menos quiere el ego es que te des cuenta de que le tienes miedo. Pues si el ego pudiese producir miedo, menoscabaría tu independencia y debilitaría tu poder. Sin embargo, su único argumento para que le seas leal es que él puede darte poder. Si no fuera por esta creencia no le escucharías en absoluto. ¿Cómo iba a poder, entonces, seguir existiendo si te dieses cuenta de que al aceptarlo te estás empequeñeciendo y privándote a ti mismo de poder?
El ego puede permitirte, y de hecho lo hace, que te consideres altanero, incrédulo, frívolo, distante, superficial, insensible, despegado e incluso desesperado, pero no permite que te des cuenta de que realmente tienes miedo. Minimizar el miedo, pero no deshacerlo, es el empeño constante del ego, y es una capacidad para la cual demuestra ciertamente gran ingenio.”

(T11.V/8 y 9)

Algunos estudiantes parecieran estar inmunizados ante este temor, pero lo que suele ocurrir es que sus defensas son tan grandes que todavía no se han dado cuenta de hasta qué punto lo que están haciendo es adaptar la enseñanza del Curso a sus percepciones personales, de forma que el significado principal de este aprendizaje se convierte en una forma más de reafirmar sus creencias personales y su falsa identidad, y muchos de ellos dan por terminado el aprendizaje cuando han cumplido con el tiempo de entrenamiento que el Curso propone, como si de un lastre se tratara, a pesar de que los efectos del aprendizaje no estén con ellos, ni hayan reconocido claramente su función como maestros de este mundo. No tienen la suficiente confianza en la verdad como para permitir que sea lo que guíe sus vidas en base a su nueva función, función que por otra parte limitan a su ámbito más próximo en la misma medida en que creen que la limitación es seguridad. Y aunque creen estar entregados a la luz, no son todavía capaces de observar todas las excepciones que han hecho, ni la manera en que han condicionado al Espíritu para que las cosas sean de acuerdo a sus imaginadas limitaciones.
De esta manera los posibles maestros de Dios van quedando por el camino, en los diferentes puntos del proceso de sanación mental, esperando en el tiempo a estar mejor dispuestos a permitir que todos los errores sean corregidos en sus mentes.

“Hay quienes son llamados a cambiar las circunstancias de sus vidas casi de inmediato, mas éstos son generalmente casos especiales. A la gran mayoría se les proporciona un programa de entrenamiento que evoluciona lentamente, en el que se corrige el mayor número posible de errores previos.”

(Manual para el maestro 9/1)

Han interpretado equivocadamente este Curso con su forma, y como son formas lo que todavía quieren ver, eso será lo que tendrán. Y lo que les podría haber liberado de todas las formas posibles e ilusiones que este mundo ofrece, queda relegado a la idea de que hicieron un curso más que pueden añadir a su currículum de mentiras utilizadas para seguir durmiendo.
Hace falta tener una gran humildad y honestidad consigo mismo para reconocer que no se quiere ver, y que lo que se desea por encima de la verdad es la mentira. Pero tanto la humildad como la honestidad, no son de este mundo.

 

Andrés


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