Artículos Mensuales
El soñador del sueño (Audio)

 

Septiembre 2007

Regreso al Hogar


Dentro del laberinto de la mente nada se puede ver con claridad. El amor es sólo una luz que brilla más allá de la posibilidad de ser vista, excepto por los reflejos que nunca pueden ser completamente apagados, y que invitan a mirar más allá de lo complejo y lo absurdo. Cuánto miedo de que tu hermano, tu salvador, te prive de lo que crees que se te puede arrebatar. Y así, le conviertes en un ser temible, alguien que puede privarte de lo que te has enseñado a amar, sin darte cuenta de que sólo eran castillos de humo, sueños de polvo…nada. Dentro del laberinto de la mente le conviertes en una sombra acechante que has de temer. Y le prestas más atención a esas sombras cambiantes que a la luz que permanece tras ellas, una luz que es tan brillante como la tuya.

Te has enseñado a ti mismo a amar las sombras más que cualquier otra cosa, y te has acostumbrado a vivir en un mundo sombrío. La luz se ha convertido en tu enemigo, y la oscuridad en tu refugio.
Dentro del laberinto de la mente nada tiene sentido. No importa dónde trates de encontrarlo, porque todo es cambiante, inestable. Y de ese constante cambio tratas de extraer alguna conclusión, algún significado, basándote en los datos que te aportan los sueños, pasando por alto que lo único que tiene significado es el amor, y que no se encuentra escondido en las sombras, sino que refulge en todo su esplendor dentro de ti, dentro de tu hermano.

Cuántas palabras has utilizado para esconderte tras ellas y no darle a tu hermano el regalo de amor que te estaba pidiendo, y que tú necesitabas dar. Cuántos argumentos espirituales has empleado para asegurarte de que la Voz del Silencio no fuera escuchada por encima de tu voz. Tras cada palabra que pronunciabas tu corazón se entristecía, y veía que no podía abrazar a quien realmente amas; tu hermano, cuyo corazón trataba de abrazarte a ti también. Y ante esa súplica de amor, que es la tuya propia, el ego se sienta triunfante en su trono, con la “lógica” como argumento de su victoria, la “razón” como su siervo fiel, aunque completamente solo.
Y no te das cuenta de que ese laberinto es en realidad inexistente. Tus pensamientos tienen que darle realidad. Sólo tu negativa a aceptar el amor como tu identidad hace posible que la nada parezca ser algo, y condicionarte en todo lo que haces.

Ahí tienes a tu enemigo, delante de ti. Es en realidad temible. Y sigue en su intento de arrebatarte lo que tú más amas. Cada palabra que utiliza es como una espada que se clava en lo más profundo de tu corazón. Cada gesto de rechazo, de indiferencia, te recuerda que tú no mereces ser amado. Y ahora tratas de engañarle, de manipularle, porque tal vez si eres suficientemente ingenioso y él no se da cuenta puedas obtener lo que tanto crees necesitar, y que él no quiere darte. No importa que se niegue a dártelo, eso no es importante. Lo importante es que tú lo tengas. Observa con cuánta ansiedad lo deseas, con cuánta intensidad sueñas con obtenerlo algún día. Se ha convertido, de hecho, en el único y más importante objetivo para ti en el mundo de los sueños.
Pero si realmente no existe nada fuera de ti excepto el reflejo de tus propios pensamientos ¿qué es entonces eso de lo que te estás privando a ti mismo, poniéndolo donde sabes que jamás lo podrás encontrar, y creyendo que es otro quien te lo está negando? ¿Qué es eso que valoras por encima de todo lo que el mundo puede ofrecerte y cuya búsqueda parece interminable?

Tal vez estés convencido de que lo deseas con todo tu corazón, pero ¿te dicen los hechos que lo tienes? ¿Te dicen los hechos que puedes conservarlo, confiar en ello y hacerlo eterno? ¿O más bien parece un juego cruel en el que pareces lograrlo por un instante para comenzar a dudar, a temer que un día desaparezca, y comprobar que ciertamente no era algo que fuera a durar para siempre?

El amor es lo único que estás buscando, y lo único que no quieres encontrar. La forma más efectiva de no encontrarlo es buscarlo. Y lo buscas porque de esa manera te enseñas a ti mismo que no lo tienes. Lo esperas, sabiendo perfectamente que nunca llegará a ti, ya que lo has negado. Y por eso ves a tu hermano con temor, sabiendo que tu felicidad depende de lo que le has ordenado no darte nunca, a excepción de que se lo dieras tú primero a él. Porque esa era la consigna. Ese es el secreto que estabas buscando; que el amor sólo se puede encontrar si primero estás dispuesto a darlo. Pero llegado a este punto, te das cuenta de que todo tu mundo se basa en la idea de que eso no es posible, o que supone un sacrificio enorme a cambio de nada, tal vez de un capricho, de un regalo que alguien quiera darte si es bondadoso, pero que puede arrebatarte igualmente en cualquier instante.

Este es el momento en el que hay que tener confianza. Todo el sistema de pensamiento del ego se tambalea ante esta posibilidad, ya que comienza a amenazar demasiado seriamente sus cimientos, que se basan en la idea de que tienes que seguir buscando algo que está fuera de ti, en tu hermano. Y no te das cuenta de que esa idea es sólo una reafirmación de que tu hermano debe ser de alguna manera diferente, especial, ya que tiene algo que tú no posees. Y lo que realmente oculta es que crees que el que es especial eres tú, que has logrado privarte a ti mismo de lo que Dios decidió que tuvieras para siempre.

Puedes enseñarte a ti mismo que esto es sólo una ilusión, y terminar para siempre con la angustiosa e infructuosa búsqueda que no te llevará jamás a ninguna parte si estás dispuesto a darle a tu hermano lo que tú estás buscando. Y lo que tú estás buscando, es lo que él busca en ti.
El ego, ante semejante amenaza, utilizará de nuevo sus mejores argumentos para convencerte de que es una locura. Te dirá que si tú das algo, al menos es “justo” que recibas algo a cambio. No subestimes su ingenio, pues proviene de tu mente, y tu mente es poderosa. Sólo una confianza sólida y una gran voluntad puede dar este salto desde el sistema de pensamiento del ego al del Espíritu, porque tu mente se ha enseñado a sí misma durante miles de años que eso no es posible.
Comienza a darlo. No importa si no crees que funcione. Son los hechos los que te mostrarán esto. Da porque sí. Da sin ninguna razón, sin ningún argumento. Da simplemente porque lo estás necesitando por encima de todo. Dáselo a tu hermano porque has sido creado con la única finalidad de extender el Reino de Dios ilimitadamente. Y el Reino de Dios eres tú. Date eternamente. Sé únicamente la luz de este mundo ilusorio de sombras cambiante, y comprobarás que lo único consistente aquí es esa luz que comienza a extenderse desde tu mente a todas las mentes que duermen en él. Da…porque si no te conviertes en otra sombra más, tan irreal como todas las que parecen habitar este mundo.
Las sombras del laberinto comenzarán entonces a desaparecer. Y a cada rincón oscuro donde algún alma había ido a ocultarse, una luz llegará, y verá el camino que lleva de regreso al Hogar.

 

Andrés


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