Artículos Mensuales
El soñador del sueño (Audio)
 


Octubre 2007

El milagro y los juicios


La separación ha creado una sensación de vacío profundo en la mente. Y ahora trata de encontrar la solución al conflicto en una huída hacia abajo en la percepción, produciendo más desasosiego y desequilibrio. La necesidad de deshacerte de ese dolor es tan profunda, que la proyección acude rápidamente en tu “auxilio”. Pero la proyección no puede sostenerse en la mente sin los juicios. Los juicios, por lo tanto, hacen parecer al mundo que se percibe como algo sólido y consistente.

Sin juicios no puede haber percepción. Y si lo que percibes es sólo un reflejo de tus pensamientos, juzgar cualquier cosa que percibas es darle realidad en tu mente a aquello que deseas hacer real. Es más honesto reconocer que has olvidado quién eres, que no sabes cuál es la mejor decisión a tomar, y que el pasado sólo puede reproducir una extensión de sí mismo en la experiencia de tu vida.

No importa en qué momento fuiste consciente por primera vez de que estabas juzgando. No importa cuál fue el primer ataque que te hirió. Y tampoco importa a quién heriste tú primero. Todo ello es consecuencia de haber olvidado quién eres. A partir de ahí, no importa la intensidad de tu deseo de que el problema sea resuelto. Tratar de resolver el problema es haberlo juzgado como comprensible, como coherente y consistente, ya que nadie dedicaría un solo instante de su tiempo a resolver algo que no tiene sentido desde ningún punto de vista.
Cualquier intento que haga la mente por resolver el conflicto, es poner al ego a cargo de su resolución, y el ego no es parte desinteresada en el resultado. Cuando la mente tiene la intención de resolver el problema, afirma que tiene también la capacidad de hacerlo, y pasa por alto que esa parte de la mente que trata de resolverlo es el problema mismo.

La única manera de solucionar el problema de la separación es reconociendo que no hay nada que solucionar, a pesar de las apariencias. El problema que se ha juzgado como real, y que después trata de resolverse en el escenario donde se ha manifestado, sólo se puede resolver mediante un punto de referencia externo a él, y esa única referencia externa en un mundo ilusorio no puede encontrarse en él, sino que forma parte de la realidad misma que trasciende este mundo. Pero en este mundo no encontrarás ninguna prueba que afirme que tu problema no existe. Viniste a él para demostrar que tenías razón. Y eso es lo que encontrarás, a no ser que dejes de juzgar cada cosa que ocurra en función de un punto de vista completamente dualista.

Es posible que observes tus emociones y éstas te indiquen que hay un problema, puesto que lo sientes, y esa emoción te lleve a actuar de determinada manera para liberarte del conflicto. En la medida en que actúes movido por esa emoción, determinarás que tu problema realmente está teniendo lugar, ya que nadie haría nada por resolver algo que no está ocurriendo en ninguna parte, a no ser que creas que el sueño está teniendo lugar en alguna parte.
La afirmación “este problema no es real, puesto que jamás ha sido creado” deja a la mente en un estado de conmoción que, si no se reacciona inmediatamente para tratar de liberarse de esa sensación profunda de vacío, la puerta permanecerá abierta para una verdadera respuesta. Y esa respuesta sólo puede provenir de un punto de vista exterior a este mundo ilusorio, ya que en ese instante se han dejado de lado los mecanismos de defensa de una mente que se siente en peligro, y ésta se ha atrevido a abrirse a algo que teme en la misma medida que ama.

No hacer nada significa que no emitirás ningún juicio acerca de ninguna situación. Significa que no determinarás cuál es la respuesta correcta a un conflicto que ni siquiera entiendes. Que no determinarás cuál debe ser el desenlace que esperas según tus referencias del pasado de qué es la felicidad y cómo lograrla.
No hacer nada significa encomendar tu espíritu en las Manos de tu Padre, y caminar en paz en medio de la tormenta y la oscuridad, con una confianza que no es de este mundo. Porque sabes que el desenlace es tan seguro como Dios, y que no depende en absoluto de ninguna de tus decisiones, sino del hecho de prescindir de todas ellas. Y te darás cuenta de la completa invariabilidad de un Plan que trasciende cualquier creencia, cualquier decisión y cualquier expectativa de la mente durmiente.

Entonces dejarás de decidir, para comenzar a ver. Dejarás de creer, para comenzar a ser. Porque sólo un milagro puede modificar suficientemente la mente como para devolverle su cordura. Y el milagro, que actúa en ti y a través de ti, no proviene de lo que crees ser, sino de lo que Eres. Lo que Eres, es el gran desconocido y olvidado. Permítele mostrarse ante ti a través de los milagros, en lugar de definir cómo debe actuar según tus expectativas y deseos. Él es un Hijo de Dios. Él es lo que tú Eres. ¿No sabría un Hijo de Dios cómo resolver cualquier conflicto, por imposible que pareciera? Permite entonces que el Hijo de Dios en ti resuelva por ti todos tus problemas, por ocultos que estén, por difíciles que te parezcan. Tan sólo asegúrate de no emitir juicios acerca de cómo debiera ser su resolución, porque el Hijo de Dios, con el poder de crear universos, no puede oponerse a tu voluntad de querer seguir en el infierno.


Andrés

 

 

 


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